Quedamos con el resto de la espedición ilicitana en la zona de salida a eso de las 8.30 y tras hacernos las fotos de rigor previas a la carrera, a las 9 de la mañana con puntualidad británica y entre nervios, dudas, paracaidistas y Patrulla Águila sobrevolándonos incluida, dio comienzo la 31 edición del Maratón de Madrid.
Hacia el km 15, pasamos por Sol, desde que entremos en la calle Preciados, donde vi por primera vez a mi mujer. Esta fue sin duda la parte más agradecida de la carrera, por un lado, es donde mejor me encontré, ya que venía bajando y el corazón empezaba a encontrarse agusto, 145 pulsaciones, además mis piernas funcionaban a las mil maravillas y por otro lado, es un espectáculo pasar con tanta gente animándote, no sientes tus pisadas, tuve la sensación de que en esas condiciones podría dar la vuelta al mundo, ¡Cuán engañado estaba...!
Del km. 30 al 36 fue un anticipo del infierno que me esperaba más adelante, ya que estos 6 kilómetros fueron muy aburridos, por zonas desconocidas para mi de Madrid, por tanto sin referencia e incluso en algunas zonas picaban hacia arriba. Así que solo, con un pie que cada vez me dolía más y las piernas semirrígidas, me disponía a no pararme aunque en realidad estaba para que me llevasen en camilla.
Era el momento de tomar medidas de emergencia, la cabeza empieza a mandar órdenes que no debes obedecer si quieres terminar, así que me enzarce en una dura batalla contra mi mismo, que me llevó hasta las proximidades de Atocha, Atocha!!!! Pensé estoy cerca, muy cerca pero estaba en el km37 me quedaban 5 kms …
Del 37 al final. Este tramo se anunció como un verdadero purgatorio para los participantes y ciertamente así fue, me iba encontrando con un motón de espaldas de corredores que se paraban, prácticamente la mayoría, mi cabeza seguí pidiendo clemencia y mi pie un médico, la lucha contra mi cabeza, mis piernas y mi maltrecho pie hacçia tiempo que había sobrepasado cualquier límite imaginable.
Anduve por los puestos de avituallamiento intentado recuperar pero no hubo forma, me dejé caer (o me caí) en la hierba, seguía noqueado, pero lo peor sin duda ya había pasado, la maratón era historia, una historia de aventuras sin dudas, me levanté como pude, estiré un poquillo, tomé algo de líquido y fruta, poco a poco iba recuperando y me dirigí hacia la salida, que estaba a más un kilómetro andando de donde estaba. Finalmente me encontré con mi mujer, todo había acabado por fin y muy cansado pero muy entero me dispuse a darme un último homenaje con mis cuñados en Madrid, tras el cual, volvimos a casa, conduje durante el mismo tiempo que había estado corriendo, pero sufrí evidentemente mucho menos.

